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viernes, 1 de noviembre de 2013

Tecnicas de Yamadori



"Yama" (montaña) y "Tori" (tomar). De la unión de éstas dos palabras japonesas viene el popular vocablo en bonsai de "yamadori". Literalmente significa pues "tomar de la montaña", o "extraer de la montaña" pero NUNCA RECUPERAR.

Suena más benevolente y ecológico "recuperar" que "tomar". La verdad es que traducimos a nuestro antojo e interés y es verdad también que ésta técnica bonsaística está siempre envuelta en polémica pues son desgraciadamente muchos los que se lucran con el expolio a la naturaleza no importándoles las bajas que quedan por el camino. A otros no les mueve la compensación económica pero sí el ego. El yamadori permite tener en casa ejemplares majestuosos que han sido trabajados y esculpidos por la naturaleza. El 95% del resultado de tales bonsais no es mérito nuestro sino de la madre tierra. El problema que nuestras ansias de tener bellos ejemplares en nuestros estantes no suele ir acompañado de un éxito de supervivencia. Parafraseando a Armando Dal Col en un anterior artículo aquí publicado " La técnica yamadori debe realizarse con cautela pues lamentablemente los cadaveres de árboles mal manipulados durante su extracción se acumulan en la conciencia de mas de uno".

La técnica del yamadori puede estar justificada unicamente cuando la vida del árbol pueda estar en peligro. Por la construcción de carreteras, cortafuegos, desmontes, etc. Y siempre con la autorización de las autoridades medioambientales competentes en la zona. Acabemos con esa imagen del bonsaista furtivo. Ya hemos dicho que Yamadori no es "recuperar" pero tampoco debe ser "robar". Desde Bonsai Comunicación queremos daros las pautas para minimizar los riesgos y alcanzar el éxito en ésta tan delicada operación.


Encontrar el ejemplar adecuado en la montaña para crear un bonsai no es nada facil, pero una vez localizado un ejemplar apto la pregunta es ¿puede ser extraido con éxito?
Pasos previos

Parámetros a tener en cuenta:

Sustrato. Arenosos, arcilloso o rocoso
Vigor del árbol
Estado y profundidad de las raices
Estructura de la parte aérea



Sin duda es mucho mas complicado trabajar en un suelo rocoso. Las raices crecen abrazando las rocas dificultando enormemente la extración.

Vigor
Lo lógico sería pensar que un árbol que crece fuerte y luce vigoroso sería un excelente candidato para extraerlo con éxito, pero no siempre suele ser así. Un árbol en éstas condiciones está moviendo savia un mucha fuerza y una operación así podría ser tremendamente arriesgada. En cambio un árbol que parece estar en condiciones límites puede responder extremadamente bien a una extracción y cultivo en maceta en el que vea mejoradas sus condiciones ambientales y sobre todo hídricas. El estado de la planta es pues un condicionante bastante complejo en éstos casos.

Estado y profundidad de las raices
A continuación vamos a desmentir otro mito al que nos lleva nuestra lógica. Todos suelen pensar que si al zarandear el tronco de un árbol éste mueve hasta las raices es por que será facil de arrancar. En cambio  si apenas se mueve es porque está fuertemente anclado y será muy dificil de extraer. ES TOTALMENTE ERRONEO. Normalmente cuando se mueve es porque sus raices son largas y está anclado muy abajo. En cambio si apenas se mueve es porque está firmemente anclado no muy profundo, lo que es favorable para nuestro interés. Para alcanzar el éxito debemos tener finas raicillas en la parte superior. Y si no las tenemos deberemos conseguirlas. A continuación explicaremos como.

Parte aérea
Es obvio que tenemos que tener la "masa verde" lo más abajo posible. Según que especie es más o menos complicado de conseguir. Todo depende de como responda a las podas. Siempre podremos recurrir a bajar ramas con alambre pero en la montaña podemos ir preparando la parte aérea poco a poco para ir compactandola. Es muy interesante saber el echo de que al ir podando y compactando la "masa verde" conseguiremos la aparición de finas raicillas en la parte superior. Es importante dejar siempre una guía que tire con fuerza para que ayude a la síntesis de auxinas de manera natural por la planta. Éstas se sintetizan siempre en los ápices.
Como una imagen vale más que mil palabras veamos a continuación un extración simulada:



Podríamos partir de uno de éstos dos casos. El árbol de abajo posee numerosas raíces capilares en la parte superior, sinónimo de éxito. En cambio el de arriba las posee muy abajo. Deberemos pues preparar las raíces en la parte superior para forzar la aparición de raicillas.


Ésta operación debe durar el tiempo necesario. Nunca menos. Un, dos, tres años. El tiempo no es importante si queremos alcanzar el éxito.


El primer paso será cavar alrededor de la base del árbol hasta que lleguemos a descubrir el nacimiento de las raices. A continuación haremos unas pequeñas heridas y aplicaremos en ellas hormonas de enraizamiento. Cambiaremos el sustrato por una mezcla a partes iguales de turba rubia, fibra de coco y musgo esfagno. Ésta mezcla ayudará a aumentar la capacidad de retención de agua en la zona favoreciendo la aparición de raices. Si no podemos acudir con frecuencia a regar debemos recurrir a nuestro ingenio. Hay quien utiliza goteros médicos o de manera más sencilla podemos clavar botellas de agua con un pequeño orificio en el tapón para que vaya cayendo poco a poco.

Una vez que tenemos las raices donde las queremos ya podemos proceder a la extración. ¿Cuando es la época ideal?
Como norma general la época ideal es justo cuando el árbol ha comenzado a activarse. Es decir, inicios de primavera y finales de verano.

¿Con suelo húmedo o seco?
Término medio. Lo ideal es aproximadamente una semana después de unas lluvias. Cuando ya no hay tanto barro y el árbol a comenzando a activarse gracias a ese agua. La verdad es que cada maestro tiene su librillo y hay quien prefiere extraer con suelo seco.


Hay que proceder a cavar un surco alrededor del cepellón e ir podando las raices gruesas que profundizan. Es muy importante frenar la pérdida de savia por las fuertes podas y practicar "torniquetes" allí donde operemos. Sellaremos las heridas con barro o pasta selladora y cubriremos la herida con musgo esfagno protegido por una bolsita de "yute" o material similar atando fuertemente dicha bolsa con alambre de cobre para que actue a modo de torniquete.


A continuación protegeremos humedeceremos el cepellón con un pulverizador y lo protegeremos con un saco de yute y musgo esfagno. Ésta operación la debemos realizar con celeridad y precisión. Ataremos firmemente el conjunto y el árbol estará preparado para el transporte. Podemos ayudarnos de mallas metálicas especialmente indicadas para éste proceso. Abajo podemos ver las principales herramientas que necesitaremos.



El trasporte lo realizaremos lo más rápidamente posible y humedeciendo el sustrato y la parte aérea si nos demoramos. Evitar exposiciones al sol y si la humedad ambiental fuera baja podríamos proteger con plástico la masa verde hasta llegar a casa.
Lo primero es buscar el contenedor adecuado para enraizar. Debe tener un volumen muy superior al de la maceta de bonsai definitiva. No es tan importante el ángulo de plantado. Lo principal es asegurar la superviviencia. El diseño será para mucho más adelante. Cajones de madera, poliespan, macetas de barro cocido, cajas de fruta o incluso macetas de plastico pero agujereadas incluso por los laterales para mejorar la aireación.

Fase de enraizamiento

En cuanto al sustrato, debemos conseguir una mezcla con gran capacidad de aireación e intercambio de nutrientes. Aconsejamos una mezcla a partes iguales de grava volcánica, fibra de coco y kiryuzuna (o akadama). Es muy aconsejable en el plantado la aplicación de hormonas enraizantes (auxinas).




En el caso de las sabinas es bastante habitual que en las primeras fases el árbol amarillé la copa. Es parte del establecimiento. Es aconsejable el tratamiento semanal con cáptan y una vez que el árbol comienza a brotar sustituir dichos tratamientos con Previcur.


Debemos colocar a el árbol en una atmósfera con humedad controlada. No hay que aportar humedad en exceso. Eso tan solo provocaría la pudrición y el adormecimiento del árbol. Lo ideal es un invernadero en el que consigamos temperaturas no inferiores a 15ºC y una humedad entre el 60 y el 80%. Pero son valores que dependen de la especie a trabajar. En olivos, por ejemplo hay que utiliza una curiosa técnica. Se colocan a pleno sol y cubiertos totalmente bajo una bolsa de plástico negra. Esto aumenta la temperatura y la humedad favoreciendo la brotación.
En el caso de árboles de hoja caduca, en Japón algunos bonsaístas, una vez arrancados del monte los entierran totalmente (incluso la parte aerea) durante un par de meses. Después los desentierran y muestran un inicio de actividad tanto de raices como de brotes.



Una vez comience a mostrar actividad el árbol y las condiciones ambientales lo permitan lo sacaremos a pleno sol progresivamente. A partir de aqui comienza la fase de establecimiento. Su duración depende del estado de salud del árbol. Pero mínimo 2 años es lo aconsejable antes de comenzar a trabajar el árbol como bonsai.


En todo éste proceso debemos controlar nuestra impaciencia. Como dice el refrán "Vísteme despacio que tengo prisa





miércoles, 30 de octubre de 2013

Como "alimentar" tu bonsai

Un amigo, bastante deportista por cierto, tuvo la feliz idea de regar durante unos días su bonsái con una famosa bebida energética. No sé a su dueño, pero al bonsái precisamente no le dio alas tal bebida. Más bien, y como era de esperar a los pocos días murió como si se hubiera secado y se llenó de hormigas. Sé que ninguno de los que estáis leyendo éste artículo se os ocurriría hacer algo así, pero al terminar de leerlo como mínimo espero que entendáis porqué murió tan rápidamente éste bonsái y también espero que os sirva para abonar correctamente vuestros árboles.

Eso sí, para nada puedo decir cada cuanto y a que dosis abonar con tal o cual producto. No hay reglas matemáticas para ello. Lo más importante es aprender cómo funciona un árbol y sólo después de eso no hay mejor criterio que aplicar la experiencia y el sentido común. La experiencia se adquiere sobre la marcha y escuchando a quien te puede aportar la suya pero el sentido común es algo que debemos tener siempre presente. Por ejemplo, cuando estás enfermo con fiebre alta o nauseas ¿te comerías un buen bocadillo de jamón ibérico para recuperarte? En bonsái, la tendencia general es no aplicar el sentido común y cuando uno ve un bonsái débil o enfermizo, o recién trasplantado, o defoliado lo primero que se suele hacer es abonar y abonar a discreción con fatales consecuencias.
El siguiente no es un artículo de rigurosa bioquímica pero es necesario explicar ciertos conceptos básicos para entender cómo funcionan nuestros árboles.

​El menú del bonsai

Abonar no es otra cosa que aportar los elementos necesarios para el correcto desarrollo del bonsái. Y si hablamos de elementos nos referimos a los siguientes elementos químicos que conoceremos a continuación.

El primer elemento necesario en la dieta de un bonsái (así como de cualquier vegetal) es el carbono el cual toman de la atmósfera durante el proceso de la fotosíntesis. Obviamente no es un elemento que requiera un aporte por nuestra parte, salvo en ocasiones muy especiales. El carbono es procesado en las hojas y es llevado hasta las raíces. El aporte de azúcares (fuente de carbono) a éstas puede ser interesante en situaciones de estrés. La realización de éste tipo de abonado requiere de cierta experiencia y debe dejarse al margen del ritmo de abonado normal.

El resto de elementos se absorben a través de las raíces (salvo algunas excepciones que pueden aplicarse via foliar). Éstos elementos se suelen dividir en dos grupos según sus necesidades en la planta.
​Grupo 1: Macroelementos
Son los más consumidos

 Nitrogeno (N)
 Fósforo (P)
 Potasio (K)
 Calcio (Ca)
 Magnesio (Mg)
 Azufre (S)


​Grupo 2: Microelementos
Los consumidos en menores cantidades (pero igualmente esenciales)

 Hierro (Fe)
 Manganeso (Mn)
 Boro (B)
 Cinc (Zn)
 Cobre (Cu)
 Cloro (Cl)
 Molibdeno (Mb)
Creo que no tiene demasiado sentido práctico exponer aquí las funciones detalladas de dichos elementos en el bonsái. Incluso para un profesional es muy difícil identificar qué tipo de deficiencia pueda presentar un bonsái y aunque se detectara la solución no suele ser solamente un correcto abonado sino que podemos tener un problema de pudrición de raíces o la necesidad de un trasplante.
Lo que os aconsejo es realizar unos ciclos de abonado lógicos y en los momentos oportunos. No obstante daré un ligero repaso práctico a los principales elementos expuestos arriba.
El nitrógeno (N) es sinónimo de crecimiento. Es parte estructural de las plantas. Un correcto aporte nos dará un verde intenso en las hojas, entrenudos largos y hojas de gran tamaño. No muy deseable en bonsai. Es interesante su aporte no obstante cuando el bonsái está en fase de crecimiento o engorde de tronco o ramas, pero no en estadios finales de ramificación. Suele ser aconsejable realizar un buen aporte al inicio de la primavera. Su déficit aparece primeramente en hojas viejas a modo de clorosis.


El fósforo (P) tiene una función estructural y energética en la planta. Interviene en el desarrollo de las raíces y favorece la floración y la fructificación. Está muy en boga su aplicación en forma de fosfito pues está demostrada su eficacia como inductor de autodefensas contra enfermedades fúngicas. Su déficit aparece primero en hojas viejas.


El potasio (K) es un nutriente esencial que participa en multitud de procesos. Aporta vigor y resistencia e interviene muy directamente en la formación de frutos y en la acumulación de reservas antes del invierno. Debe ser aplicado junto al fósforo sobre todo en otoño. Su déficit también aparece en las hojas viejas, sobre todo en las puntas y presentando el bonsái un aspecto débil y con poca floración. Pero ojo!, no debemos confundir los síntomas de su carencia con la de un exceso de abono.



Por normativa, cualquier abono comercializado debe presentar en la etiqueta su equilibrio en nitrógeno, fósforo y potasio. Es el llamado equilibrio NPK. Como resumen, a mayor nitrógeno mayor crecimiento y a mayor presencia de fósforo y potasio tendremos un crecimiento más compacto, mayor floración y fructificación.

​La importancia del agua en el abonado

Un buen abono equilibrado suele presentar a los principales abonos necesarios para el bonsái formulados correctamente para su absorción pero en la mayoría de casos su carencia no depende tanto de la presencia en el sustrato como su disponibilidad. En la siguiente gráfica puede verse como a un pH de 7 (el normal que podemos tener en el sustrato) las raíces presentan problemas de absorción de algunos nutrientes muy importantes como el manganeso, el zinc o el boro.
 Conforme el pH sube los problemas se acentúan incluso con otros elementos tan importantes como el hierro (Fe). Las llamadas clorosis férricas son el síntoma visible de una carencia de hierro en la planta. Puede ser que en el sustrato sí que se encuentre pero no de manera disponible para el bonsái debido a las condiciones químicas. Un aumento del pH va asociado a un agua con mucha cal y ésta lo que hace es “secuestrar” el hierro no haciéndolo disponible para las raíces.
Pero la calidad del agua también influye en el abonado de otra manera. Las raíces realizan la absorción por un proceso de intercambio de potenciales. Es decir, podríamos decir que en las raíces existe una fina membrana semipermeable que hace que el agua fluya desde donde está menos concentrada a donde lo está más. Para que fluya el agua al interior de las raíces la concentración de ésta debe ser inferior en el sustrato que en el interior de las raíces. Por tanto, cuanto más pura sea el agua (o menos concentrada esté) mejor será absorbida. Pero al abonar lo que hacemos es aumentar la concentración del agua del sustrato. Esto tiene tres lecturas importantes a tener muy encuenta:

• Con agua de mayor calidad (osmosis, lluvia) podremos abonar a mayor concentración y abonar durante más tiempo.

• Si nos excedemos en el abono la concentración aumentará de tal manera que el agua no podrá ser asimilable. El bonsái puede morir de igual manera que si no se regara.

• No abonar en épocas de intenso calor ya que se dificultará la absorción normal de agua
De éstas conclusiones viene una expresión muy común en agricultura o jardinería. “El abono ha quemado mi plantación”. Y es que los efectos de un exceso de abono son como un quemado o una secada. Ahora ya entenderéis lo de mi amigo con el RedBull y su bonsái. Si alguna vez os pasáis con el abono el mejor remedio es poner durante unas cuantas horas al bonsái con todo el sustrato sumergido en agua de calidad para que la concentración en el sustrato vuelva a un equilibrio normal.

Principales abonos a nuestro alcance

Son muchos los partidarios de la utilización de las famosas bolitas y pellets de abono orgánico japonés, bastante caro por cierto. Los estudios agronómicos actuales nos permiten poder acceder a una gran gama de abonos específicos de excelente calidad y aplicables al bonsái. Es verdad sin embargo que éstas “bolitas” japonesas  pueden ser una alternativa fácil de utilizar para los más inexpertos. A la hora de buscar un abono para tus bonsais debes tener en cuenta los siguientes parámetros:

Los abonos según su composición química pueden dividirse en:
Orgánicos: Materia orgánica en descomposición. Suelen ser de liberación lenta.
Inorgánicos: De síntesis química. Los hay de liberación lenta e inmediata.

Según su estructura podemos hablar de:
Sólidos: Orgánicos o inorgánicos. Suelen ser de liberación lenta
Liquidos: también orgánicos o inorgánicos pero de acción inmediata.

Podemos decir que los que mejor simpatía suelen presentar popularmente son los de origen orgánico y estructura sólida. Pero bien cierto es que son los más difíciles de controlar ya que se nos escapan detalles como el grado de descomposición de esta materia orgánica o posibles fenómenos de fermentación. Algunos de éstos abonos necesitan unas condiciones de temperatura y humedad determinadas para funcionar. En un clima seco y cálido pueden secarse sin apenas aportar nada.


La correcta elección del abono dependerá de nuestra experiencia, el clima en el que vivimos, el sustrato que utilicemos y el estado de nuestro bonsái. La única recomendación que os podemos hacer es el combinar de manera racional hasta encontrar nuestra mejor solución. Opciones en el mercado no os faltarán.








Eso sí, nunca sobre pasar las dosis indicadas por el fabricante y en el caso de no ser un producto específicamente formulado para bonsai recomendamos comenzar a probarlo con dosis inferiores para evitar toxicidades.
Como punto final destacaremos los siguientes titulares a tener siempre en cuenta:

• El exceso de abono es mortal

• Regar con agua de calidad

• No abonar en invierno ni en pleno verano

• No abonar después de un trasplante

• No abonar plantas débiles

• En primavera, no abonar hasta dos semanas después de la brotación (la brotación se realiza con las reservas acumuladas)

• En otoño aumentar la concentración de PK


• En primavera aumentar la presencia de N​