lunes, 24 de febrero de 2014

El olivo en "L"


Hay quien se empeña en ir a la montaña a arrancar árboles para hacer bonsai. Con el consiguiente riesgo de supervivencia para la planta. Y todo para satisfacer nuestro ego. No soy contrario a la práctica del Yamadori, pero si a su uso indiscriminado. El presente artículo es un ejemplo de cómo podemos disfrutar haciendo bonsai con materiales mucho más humildes. Simples árboles de vivero pero con la ventaja de partida de tenerlos correctamente enraizados y habituados al cultivo en maceta. El árbol elegido es un olivo de la variedad "cupresina". No es ni mucho menos un olivo silvestre (acebuche o ullastre) tan apreciados en bonsai pero creo que el trabajo después de 7 años va mereciendo la pena y es por eso que os lo quiero mostrar.
Éste era el material de partida. Adquirido en 2007 en un vivero por unos pocos euros y que parecía estar repudiado por su aspecto algo raro con ese tronco en forma de "L" y esas hojas tan grandes. A mi me gustó pues tenía las 3 B. Bueno, bonito y barato.
Lo primero fue un poco de poda y marcar una zona de madera seca en su tronco para darle algo de carácter.
Detalle del primer trabajo de la madera

Y como mi gran debilidad son las composiciones con roca pues le busqué pareja a éste olivo. Es cierto que no es algo muy habitual en bonsai el utilizar a ésta especie para ponerlas sobre roca. Es algo más propio de pinos o sabinas, pero ¿y por qué no?
Tocaba ir trabajando su ramificación buscando un aspecto natural dentro de lo posible. No suelo ser partidario de fuertes triangulaciones ni pisos en un olivo bonsai.
En 2009 cambio de maceta y continúa el trabajo de ramificación. En un principio traté de disimular ese feo tronco en "L" con la roca. El árbol iba por detrás de ella abrazándola ligeramente.
Pero como casí siempre que trabajamos un bonsai desde "cero" su evolución y diseño va cambiando con el tiempo. Rebajé el volumen de la piedra para darle más protagonismo al árbol y me decidí por una posición del árbol más acostada. Un tanto arriesgado pero tenía las ideas claras sobre su futuro.
Obviamente esa no iba a ser la maceta del diseño final. A partir de aquí tocaba continuar trabajando la compactación de la copa a base de pinzados, defoliados y un poco de alambre.
Primavera de 2013. Ya me empieza a gustar su estado. Decido utilizar otra piedra como base. El conjunto queda perfecto con el diseño natural de la copa.
Otras imágenes de 2013:

Por Cartagena en febrero ya es primavera. Los caducos empiezan a brotar y los olivos se apuntan a la fiesta. Es momento para realizar una defoliación con el objetivo de aumentar la ramificación y reducir el tamaño de las hojas. Pero con éste diseño tengo un problema. En un olivo la fuerza va a la parte alta de la copa, mientras que las ramas que bajan no muestran tanto vigor. Para paliar ésto realizo una defoliación en dos etapas. Primero las ramas más bajas 
Pronto empiezan a hincharse las yemas de las ramas defoliadas

Dos semanas más tarde después del primer defoliado le toca al resto de la copa. Éste es su estado actual:
Pronto brotará dándole al árbol más carácter.
Como se puede ver en las imágenes decido utilizar poco alambre para corregir algunas ramas. No soy partidario de abusar del alambre si no es necesario.

7 años de evolución:













1 comentario:

  1. Hola Sergio, buen camino lleva ese olivito, pero no le cambies mas la piedra, que al final, no va a saber ni donde esta.
    Un saludo.

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