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domingo, 17 de noviembre de 2013

La Tarantula, historia de un higuera

La historia de ésta higuera comenzó en la primavera de 2007 cuando la adquirí en un vivero de Valencia. Su forma era bastante atípica. Tenía pinta de haber sido recuperada de algún huerto donde habría estado creciendo libremente sin ningún diseño como prebonsai preestablecido. Y eso es lo que le daba una gran naturalidad de partida. Una forma rara, pero muy de higuera en su hábitat natural.

La de abajo era su estado cuando la adquirí en 2007:
Había mucho trabajo por delante. Muchos errores que retocar y sobre todo mucho por ramificar. Bruscos restos de podas a "naturalizar" y un gran problema de partida. Los dos troncos de la derecha eran muy similares en grosor y altura. Había que marcar cierta diferencia para poder construir un ápice en condiciones.
En la imagen de arriba se puede apreciar como estaba en su primer invierno. Los antiguos cortes se habían disimulado a modo de viejas heridas. El tronco de la derecha se redujo unos centímetros para dar protagonismo al central. Donde más trabajo había por delante era en la ramificación. Algo lento y tedioso en las higueras. Todo dependiendo de su vigor, por supuesto, pero decir que las higueras son de los árboles de hoja caduca más lentos de ramificar a pesar de que permiten la realización de hasta 3 defoliados por año. El primero justo después de la brotación primaveral, justo antes de que se abra la tercera hoja. El segundo defoliado a principios de junio y el tercero a inicios de septiembre.

En 2009 ya pasó a una maceta de bonsai donde continuaría el trabajo de ramificación:
Marzo de 2010:
Diciembre de 2010 tras un posicionamiento de las ramas con alambre buscando un estilo natural. Nada de pisos ni de triangulaciones:
Septiembre de 2011, después de una última defoliación durante ese año:
Diciembre de 2011 junto a mi peque Iker.

Es un árbol que padece bastante en verano. Le encanta el agua y como excepción (no lo hago con ningún otro bonsai) tengo que ponerle sobre una bandeja con apenas 1 dedo de agua durante los meses de más calor. Las raices no están en contacto directo, pero la humedad que aporta al sustrato es suficiente para sobrellevar la intensa evapotranspiración y consumo por parte de las raices. La imagen inferior es de agosto de 2012.
Noviembre de 2013, después de 7 temporadas de trabajo ya comienza a lucir como yo quería. Y aún le quedan años para refinarse y coger solera:

Tocaba éste año limpiar y afinar un poco las zonas de madera muerta. La madera de la higuera es extremadamente blanda y se pudre con facilidad. Para su limpieza utilicé una pistola de agua a presión (de las de pintar modificada), un poco de cepillo y gubia para retocar ciertas zonas. Finalmente lo protegí con polisulfuro de cal ligeramente teñido con un poco de acuarela negra obteniendo un tono gris más acorde con la especie. De no hacerlo tendríamos un blanco demasiado llamativo más propio de coníferas. De cualquier manera el gris actual aún tiene que oscurecer ligeramente con el tiempo:


Algunos detalles más;

 El nebari tiene poco de ortodoxo pero encaja perfectamente con el estilo "natural" que busco para ésta higuera.
Soy poco ducho a poner nombres a mis bonsais, pero después de ver la siguiente foto me vino la imagen de las patas de una tarántula y de ahí que a partir de ahora ese sea su apodo.

Han pasado 7 años desde que la comencé a trabajar y 2 años desde que le hice una foto con mi hijo y se nota la evolución de ambos.

Creo que el objetivo de buscar la naturalidad en ésta higuera está conseguido parcialmente. Falta el paso de los años para que vaya cogiendo mayor caracter y personalidad.




martes, 29 de octubre de 2013

El Garbancillo de Tallante. Historia de un redescubrimiento

















Han pasado casi 10 años de éste redescubrimiento, del cual me puedo sentir especialmente orgulloso. Orgulloso por darle a la ciencia, al saber popular y a la cultura e historia de un pueblo la presencia de una especie que se consideraba extinguida.

En 1909 fue descubierta y descrita por el botánico Francisco de Paula Jimenez Munuera. De su existencia tan solo se conservaba el pliego recolectado por su autor así como la descripción que hizo. Nada se sabía de su ubicación y posible distribución. Jimenez Munuera dejó la imprecisa ubicación del amplio Campo de Cartagena. Nadie la volvió a ver. Perdón, seguro que muchos la volvieron a ver, pastores, agricultores y demás vecinos de la zona pudieron encontrarse ante la presencia de ésta singular planta pero ninguno de ellos le pudo dar la importancia que merecía.
Por ello en 2003 fue declarada como especie extinguida en el atlas y Libro Rojo de la Flora vascular amenazada de España. Ese mismo año yo finalizaba mis estudios de Licenciado en Biología por la Universidad de Murcia. Mis últimos años de formación los centré en la Fisiología Vegetal, Producción Vegetal y Botánica. Guardo gratos recuerdos sobre todo de la asignatura de Fanerogamia. Mis profesores en dicha materia fueron Pedro Sanchez Gomez y Miguel Angel Carrión Vilches. Nos hicieron patear la montaña en busca de la descripción de la flora cartagenera. Con Javi Noguera, Marisol Martínez y Agustín Lopez compartí la experiencia de catalogar, fotografiar y "coleccionar" especies de la sierra cartagenera, siempre con la ilusa emoción de descubrir, quien sabe una nueva especie.

Aquella época terminó, pero en mí aun quedó la costumbre caminar mirando hacia el suelo observando la flora. Tenía aún más afán por conocer la flora de mi comarca natal. Y a fe que no me costaba porque ello me permitía compaginarlo con pedalear o caminar por la montaña. En mi mochila siempre iba una guía de identificación y mi cámara de fotos.

Sin duda el reto era encontrar algo especial. Está en nuestra naturaleza. ¿Pero era posible encontrar una especie considerada como extinguida? Sin duda es algo que no me esperaba. Fue en la primavera de 2004 cuando en una cuneta me llamó poderosamente la atención una planta rastrera en flor que aún no tenía en mi "colección". Ésta fue la primera foto que le hice, y es muy posible que fuera la primera vez en la historia que se la retratara.


Claves dicotómicas en mano me llevaron directamente al genero y especie: Astragalus nitidiflorus. Casi 100 años después alguien volvía a reconocer a ésta planta. En casa volví a identificarla con más calma y medios y el resultado era el mismo. Pero algo no me cuadraba. ¿Estaba ante una planta considerada como extinta?, ¿es posible que las claves de identificación no fueran correctas? Tales dudas me llevaron a presentarme en el Departamento de Fanerogamia de la Universidad de Murcia. Allí corroboraron que estaba en lo cierto.
En 2011 la especie fue catalogada en Peligro de Extinción, según el Real Decreto 139/2011 y en 2012 se inició el proyecto LIFE+ de conservación del Astragalus nitidiflorus.
Fueron descubiertos más ejemplares, todos ellos en la comarca de Tallante. Es por ello que se le ha bautizado popularmente como el "Garbancillo de Tallante"


Ver mapa más grande

Una zona de Cartagena con un encanto particular. Terrenos de secano en los que domina el cultivo del almendro. Interesantes zonas de interés geológico como el Cabezo Negro de Tallante. Os invito a pasear por sus tierras y a conocer a sus gentes e historia, y por supuesto encantado de ser parte de ella.
Incluso se ha compuesto una canción en su nombre, los cracks de "Materia Primo":
No tiene desperdicio,...